No puedo negar el peso que el mundo de los videojuegos ha tenido sobre mi vida, he crecido con ellos, puedo presumir de haber jugado incluso a la primera generación de consolas, cuando apenas eran cintas de radio-casete que metíamos en una especie de teclado llamado Spectrum. Aún recuerdo aquellas máquinas de 8 bits como la NES (Nintendo Entertainment System) o la Master System, que supusieron la primera toma de contacto de unos jóvenes con una industria que en los siguientes años crearía nuevos estereotipos de héroes, como Super Mario Bros o los personajes de Street Fighter, lejos de los clásicos superhéroes ya existentes, en su mayoría procedentes del cómic de finales del siglo XX, y de los que, al igual que sus predecesores, llegaríamos a ver incluso películas. Lógico es, por tanto, que actualmente esta industria lúdica facture más que la propia "fábrica de sueños", a pesar de el cine no se ha cortado en generar "taquillazos" a costa de los guiones inicialmente imaginados para videojuegos o cómics.
De aquellos tiempos tenemos todos los juegos que ahora inundan los móviles de las nuevas generaciones de adolescentes, Tetris, Pang!... qué clásicos! Supongo que no se ha inventado nada más simple y adictivo; y así fué como nos engancharon a muchos, y yo, siempre había estado entre ellos. Mis consolas, PlayStation One, PS2 (PlayStation 2) posteriormente, PSP actualmente, además de alguna que otra tarjeta gráfica para mejor la capacidad recreativa del ordenador, dan fé de ello. Pero en mis últimos cursos de facultad, las salidas y el ritmo de vida más social, típico de esos años, relegaron los videojuegos a las tardes de algún fin de semana, en que nos juntabamos unos cuantos para aclarar nuestras diferencias a echando campeonatos de ISS PRO, juego indispensable para defender la hombría entre colegas. Perdió importancia en mi vida, o sea, ya nunca jugaba solo. Sí, dejé el juego, además empezaba a verlos complejos, largos, exigentes... y aunque eran sobradamente mejores, era consciente de que no disponía del tiempo necesario para poder disfrutar en serio de ninguno.
Pero... me hice un cuenta en el banco de mi primo, y me regalaron una PSP... y claro ya que la tenía... pues que menos que probar! previo crackeo obviamente, y a continuación... pues me bajé los juegos más novedosos del momento, rememoré clásicos, y practiqué en el imprescindible PRO..., aún así, continuaba sin tiempo, ni interés, hasta que me descargué un juego que unificaba uno de mis géneros favoritos, la estrategia, con otra de mis grandes pasiones de juventud, el rol, del que algún día también escribiré. Y esta última semana, me la he tirado dedicando cada momento que tenía de ocio exclusivamente al juego, lógicamente, ya esta acabado, pero me ha costado mis horas de sueño, jugando hasta las tantas, y tener menos tiempo para otras tareas que ocupaban casi toda mi dedicación como son el blog o leer el "periódico"... pero ha merecido la pena, e recuperado algo que me encantaba y que aún me divierte y atrae. Ahora... a por otro! es lo que tiene el juego... que engancha!
